El corazón le late rápidamente, las manos le sudan y le recorre una sensación de frío por todo el cuerpo; los sentimientos y las emociones se agolpan…


No ha podido dormir en toda la noche creyendo escuchar un ruido, una voz que lo guíe, que le diga que ya ha sucedido; el cansancio de esperar lo ha vencido y no puede abrir los ojos lo temprano que hubiera querido.

Es algo que le sucede año con año y que no puede evitar, un sentimiento de angustia mezclado con emoción, que va creciendo poco a poco conforme se acerca la fecha…

Por fin es el día, ha llegado; brinca de la cama y sale corriendo de la habitación sin haber despertado aún del todo, los pies caminan por si solos, siguen su propio camino.

Y ahí están, no puede creerlo, lo ha soñado, lo ha creído, lo ha anhelado…

Han llegado, es el gran día!

Todas sus ilusiones se han hecho realidad, dudó en algún momento que se cumpliera, pero en su interior siempre tuvo la seguridad que algo, lo que fuera, llegaría…

Y ahí está, la mejor ilusión de un niño: Melchor, Gaspar y Baltasar